- Un lenguaje propio para mensajes de texto y chat, así como una dependencia creciente son dos de los principales fenómenos generados por el auge de la telefonía móvil en la vida diaria.
- Aunque son innumerables las ventajas, prácticamente ningún lugar ni circunstancia se salvan de las interrupciones provocadas por el uso de estos aparatos, al punto en que se debió regular su uso para no dificultar la convivencia.
Si va a leer este reportaje, por favor, apague su celular... aunque no es necesario que tome esta recomendación en serio, lo cierto es que estos aparatos tienen un tremendo poder para inmiscuirse e interrumpir cualquier situación, dónde sea y en todo momento. Y no es para menos, ya que cambiaron la vida de las personas al permitirles estar comunicadas las 24 horas del día. Sus beneficios son innumerables, al igual que los usos que les da cada usuario. En eso está la gracia: facilitan la comunicación y acortan la distancia, pero también perturban al resto y dificultan la convivencia.
Es que el uso del celular pasó a formar parte de la rutina diaria, a tal punto que hoy resulta extraño que alguien no disponga de uno. Así lo demuestran las estadísticas de la Subsecretaría de Telecomunicaciones, que indican que a marzo de 2007 existían casi 13 millones de equipos en el país, lo que equivale a un nivel de penetración de 83,01%. Es más, para fin de año se espera que nueve de cada diez chilenos dispongan de un dispositivo móvil, y que en 2010 exista uno por cada habitante.
A juicio del sociólogo Manuel Baeza, la introducción de estos aparatos fue similar a la del televisor hace 50 años, puesto que partieron como un objeto al que muy pocos podían acceder. Sin embargo, con el tiempo se masificaron pasando a ser algo cotidiano, para dejar de ser un ícono de estatus y creando una suerte de “democratización” económica.
Para el subgerente de Productos y Servicios de Entel PCS, Alfredo Albertman C., las cifras que se observan en el país son una de las más altas del mundo, lo que ha favorecido que cada día más personas utilicen el celular. Justamente, uno de los aspectos que más rescata el ejecutivo, es la transversalidad del fenómeno “a todos los grupo etáreos y socioeconómicos, lo que significa que las comunicaciones se han hecho mucho más asequibles a todos los habitantes del país”.
Esto lleva a que Baeza considere este objeto como un símbolo de inclusión social en la medida en que establece un facilitamiento de la comunicación. Sin embargo, los celulares ya dejaron de ser un instrumento usado sólo para hacer y recibir llamadas. Cada día se incorporan nuevos servicios y funciones para hacer la vida más fácil, pero ¿Qué pasa cuando esto no siempre es así?
Celulares: ¡No!
Las constantes interrupciones y distracción generadas por los celulares ha llevado a que varios colegios opten por prohibir el uso de estos aparatos e, incluso, los requisen como medida disciplinaria. En la sala de clases, en reuniones, en el auto, en el cine... si ni siquiera la iglesia se salva de la invasión de los celulares. Portar uno no tiene nada de malo, el problema está en que hay momentos y momentos, y no todos tienen la costumbre o –en algunos casos- el tino de apagarlo o ponerlo en silencio. Por esto, es común escuchar estridentes y cada vez más extravagantes timbres que interrumpen todo tipo de situaciones.
Sandra Araya C. (15) no apaga nunca su teléfono y aunque tiene la “sutileza” de mantenerlo con vibrador mientras está en clases, si la llaman “se contesta igual, escondidito y despacito o se dice (al profesor) que es urgente, onda ‘es mi papá... tuvo un accidente’, entonces hay que contestarlo afuera”.
Estas constantes molestias producidas al interior de la sala por pinchazos, mensajes de textos entre alumnas e incluso llamadas en medio de la clase que distraen a compañeras y profesor, llevaron a que en el Liceo Técnico Femenino de Concepción tomaran una decisión drástica: la prohibición de usar celulares al interior del establecimiento. “Si el profesor llega a encontrar a una chica usando este tipo de aparatos, se lo va a retirar y va a hacerlo llegar a Orientación y yo los entrego a los apoderados los días viernes de 17:30 a 19:30, no hay otra hora” señaló Paola Campos S., orientadora del colegio. A juicio de la docente, la medida ha sido efectiva, ya que de los cerca de 20 equipos que requisaban semanalmente a comienzos de año, la cifra ha bajado a la mitad.
Incluso, cuando a comienzos de año los profesores del Liceo discutían si retenían por una semana o hasta fin de año los teléfonos móviles, el celular de un profesor comenzó a sonar. Esta situación los llevó a optar por el periodo menor, ya que ni siquiera ellos estaban libres de la mala costumbre que buscaban sancionar en sus alumnas.
Así como en la sala de clases, al momento de conducir, los teléfonos móviles también se transforman en una distracción. Según las cifras de la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (Conaset) y Carabineros, el año pasado se cursaron 13 mil infracciones de tránsito, de las cuales se estima que un 60% corresponde al uso indebido de estos dispositivos, con el consiguiente riesgo de provocar accidentes. Por ello, en la actual Ley del Tránsito se considera una falta grave hablar por celular mientras se conduce sin un sistema de manos libres sancionada con hasta 47 mil pesos.
“El teléfono móvil limita la liberta de acción del conductor y lo distrae por lo menos durante 10 segundos (al hacer o recibir una llamada), haciéndolo impredecible a la hora de maniobrar su vehículo, lo que provoca un aumento en las posibilidades de sufrir o causar un accidente”, afirmó Emilio Oñate V., secretario ejecutivo de Conaset.
El lenguaje del chat
Sta s la mnra n q muxos jovns scribn msjs d txto (esta es la manera e que muchos jóvenes escriben mensajes de texto). Para muchos puede resultar complicado descifrar algo así, pero hoy en día es completamente normal componer un texto de esta forma.
Para Tulio Mendoza B., miembro de la Academia Chilena de la Lengua, la causa de este fenómeno surgió con los celulares y el incremento de los envíos de mensajes de texto (sms) que limitan el número de caracteres. “Los jóvenes al usar la ‘jerga’ o la forma de escritura que ‘inventan’, resuelven el problema del tiempo de la comunicación y el valor monetario de ella”. Lo que no es menor, ya que sólo el año pasado se enviaron casi mil millones de sms, y hasta marzo de éste, la cifra se empinaba sobre los 285 millones.
Sin embargo, a juicio del académico, esta forma de redacción no es nueva: “El telegrama grafica exactamente que es un tema económico y voluntad de decir cosas, y de decir la mayor cantidad de cosas restringidas por lo económico”. Lo importante, según Mendoza, es escribir con pocas letras lo que se dice con muchas.
Para Manuel Baeza, esta nueva forma de comunicación tiene un componente generacional: “Corresponde a segmentos más bien jóvenes y una preocupación por lo práctico, que significa economizar tiempo en escritura sin complejos de ortografía u otros”. Para el docente de la Universidad de Concepción, esto constituye una verdadera transformación de la comunicación que sólo requiere de ansia y espontaneidad.
Tanto para el académico de la lengua como para el sociólogo, esta situación no representa una amenaza para el idioma, ya que obedece a un contexto determinado (celular o Internet).
Entonces, el problema está en que más de alguien le habrá llegado uno de estos mensajes y no entendió nada. Las abreviaciones y “emoticones” (caras como ésta : ) que reflejan estados de ánimo) no son códigos compartidos por todo el mundo. A juicio de la sicóloga clínica, Pilar Hernández G., esto se explica por “tener un lenguaje común. Hay palabras que son típicas de ciertas generaciones y en todas las épocas los adolescentes han tenido un lenguaje especial con el que se entienden entre ellos. Es una diferenciación que es parte de su desarrollo”.
Esclavos del celular
Se les denomina always on (siempre encendido) y son los usuarios que por nada en el mundo apagan o dejan en casa su teléfono móvil. Los motivos son diversos, mientras que algunos lo hacen por una necesidad de su trabajo, hay quienes sin razón aparente generan un grado de dependencia que los vuelve verdaderos esclavos.Claudio González S., es uno de ellos y reconoce que habla por celular hasta cuando está en el baño. Para este joven de 24 años, lo importante es estar todo el día ubicable “por cualquier cosa, hay que estar ahí”. Pero más que por gusto, la verdadera razón es que el trabajo en el campo le demanda coordinar salidas a terreno y compras de productos.
Andrea Olivos C. (23) no apaga “nunca, nunca” su equipo. Para ella el teléfono móvil ha sido el sustento de la relación con su pololo de Villa Alemana, a quien conoció en un campamento. “Él me pidió mi celular y empezamos a hablar todos los días. Él me llamaba y nos empezamos a conocer más que nada por celular”, contó la joven estudiante de arquitectura de la Universidad del Desarrollo de Concepción. Hoy llevan más de tres años y el secreto para mantenerse unidos a la distancia ha sido estar siempre comunicados: “La única forma que tenemos es por celular, porque él no se conecta a Messenger casi nunca y nos vemos en promedio cada dos o tres semanas”, sostuvo Andrea.
Mantener así un pololeo a más de 800 kilómetros de distancia tiene sus costos y no todos tienen la suerte de esta pareja. Ellos buscaron un plan que les acomodara y hallaron uno con una cuenta compartida de mil minutos y dos equipos, y como si fuera poco, a partir de las 23:00 horas y los festivos, pueden hablar gratis entre ellos.
Aunque Andrea y Claudio aseguran que se mueren sin sus celulares, la sicóloga Pilar Hernández, cree que estas situaciones de dependencia se asocian a personas más paranoides y obsesivas y con ciertos rasgos de personalidad como la desconfianza.“Tiene que ver con esta necesidad de control tan grande, de tener todo absolutamente controlado, porque para eso sirve el celular también, y es bien ridículo, porque te dicen, por ejemplo: ‘Yo sé todo lo que hace mi hija...’, pero tú no sabes, eso es lo que te dice ella, es un control más ficticio”, postuló la profesional.
Una buena forma de darse cuenta qué tan dependiente se es de estos aparatos, es dejarlo en casa un día. A juicio de la sicóloga, cualquier manifestación de angustia o –en casos extremos- crisis de pánico por el hecho de no contar con el dispositivo a su alcance, quiere decir que se transformó ya no en un elemento que mejora la comunicación, sino que en una carga. Y a usted, ¿el celular le facilita o le complica la vida?.
Cuando el celular se transforma en pesadilla
Si se trata de malos ratos provocados por el teléfono móvil, Diego Villar S. (24), se siente con autoridad para hablar del tema. Tras el término de una relación amorosa comenzó un angustiante acoso telefónico de su ex pareja. Éste se ha extendido por más de cuatro años e incluyó amenazas de quitarse la vida si él no volvía a retomar la relación.
-¿Cómo empezó el hostigamiento?
- Terminamos peleados y me empezó a llamar, a llamar y a llamar y ella estaba un poco obsesionada. Yo empecé a andar con otra niña y se consiguió el celular de ella y lo tuvo que cambiar (por las molestas llamadas). Lo más ‘brígido’ fue cuando me llamaba y me decía “Me voy a matar” y me cortaba... me decía que volviéramos y cuando cachaba que ya no había opción, me llamaba odiándome, haciéndome la vida imposible
- ¿Qué sentías cuando escuchabas sonar el celular?
- Nooo, era algo desagradable, ya casi soñaba con el ringtone, ya sabía que era ella y que no se conformaba con llamar una, dos o tres veces y que no le contestara, sino que era capaz de llamar 100 veces.
- O sea, el celular pasó a ser de facilitador de la comunicación a una tremenda carga
- Claro, se terminó transformando en un ‘cacho’, porque me costaba poder comunicarme con mi familia, con mis amigos, y solamente lo encendía para llamar y era molesto, porque podía juntar 100-150 llamadas perdidas al día fácilmente.
- ¿Cómo lograste solucionar el problema?
- Tuve que cambiar el teléfono y no dárselo a nadie con quien ella pudiese obtener el número, pero en vez de regalar el otro decidí mantenerlo con carga de vez en cuando. Todavía llama y de esa forma esta persona no duda o no piensa que yo tengo otro celular, entonces a veces sigue llamando y no se consigue el de ahora.
- ¿Sinónimo de qué cosa se volvió el celular para ti?
- En ese momento fue una carga súper grande, porque si andaba con el teléfono para cualquier lado no andaba tranquilo, era como que no anduviera yo solo, sino que andaba el teléfono y la mina ahí en la espalda, fue una experiencia que no se la doy a nadie.