lunes, junio 04, 2007

A un año del cierre de Diario Siete


Justo hace un año, una nueva publicación hacía ingreso a la lista de medios de comunicación desaparecidos en democracia. Se trataba de Diario Siete, que tras 16 meses en circulación se retiraba definitivamente de los kioscos. Así lo explicó ese 8 de junio el presidente del directorio del diario, Genaro Arriagada, en una carta enviada a los funcionarios del periódico, la que versaba sobre los problemas económicos del matutino y los coletazos producidos por la paralización de actividades de los trabajadores. “La huelga que afectó al diario -si bien no ha sido el origen de fondo de estas dificultades- tuvo un efecto devastador sobre esos flujos (de dinero). Accionistas, actuales y potenciales, que estudiaban nuevos aportes, en una actitud que respetamos, han postergado sus decisiones y algunos han señalado que ya no se incorporarán a la iniciativa. El avisaje público y privado, que ha sido nuestra mayor dificultad y tal vez la única de real importancia, se ha hecho aún más difícil”. Debido a estas condiciones “la empresa se ha hecho económicamente inviable”, sentenció la misiva.

El diario, comandado por Mónica González y sucesor de la revista Siete+7, fue fundado el 21 de enero de 2005 como una apuesta de la sociedad continuadora de la revista en conjunto con Copesa, en la cual cada una de las partes controlaba un 50% de la propiedad para asegurar la independencia del diario. Sin embargo, ya en el primer año de circulación las cifras se tornaban poco alentadoras, especialmente por los prácticamente nulos ingresos por publicidad. Cifras reveladas en medio de la huelga, indicaban que en el primer año, el diario arrojaba pérdidas por $850 millones. A esta situación se sumó el proceso de negociación colectiva entre el sindicato de trabajadores y la empresa (Prensa Asociada). Los funcionarios demandaban mejores expectativas laborales entre las que se cuenta reajuste de sueldo según el IPC, el pago de un aguinaldo de $25 mil –ya sea para fiestas patrias o para navidad-, y el pago de la extensión de la jornada que promediaba las 12 horas en algunos casos.

La complicada situación económica de la empresa, impidió que se pudiera acceder a la petición de los trabajadores, por lo que el 8 de mayo de 2006 se votó ir a una huelga legal.

La medida de presión se aplaza, pero en señal de protesta fotografías y notas aparecerían al día siguiente sin los créditos de sus autores. Finalmente, la paralización de actividades se hace efectiva el 17 del mismo mes, día en que Diario Siete no salió a la calle.

El directorio optó por la cautela y desechó desde un principio la posibilidad de mantener el diario en los kioscos usando a reemplazantes de los huelguistas.

La medida tuvo una duración de 13 días –hasta el 29 de mayo- e incluyó varias manifestaciones callejeras. La más importante y simbólica fue la protagonizada por los dirigentes del sindicato en el discurso presidencial del 21 de mayo en el Congreso, cuando desplegaron un lienzo con la consigna “Diario Siete no puede morir”. Además, marcharon a La Moneda, realizaron presentaciones artísticas en las afueras del edificio de Miraflores 383 y enviaron misivas a los medios de comunicación para sensibilizar a la opinión pública ante el posible cierre de un medio de comunicación, con la consiguiente pérdida de pluralismo.

Ante el rumor del inminente cierre del periódico si la huelga continuaba, vuelven a sus funciones, pero el diario no vuelve a editarse. La incertidumbre llegó a su fin con la carta enviada por Arriagada.

El sindicato emitió una declaración pública en la que lamentaban que Arriagada “pretenda endosar a los empleados que buscaban legítimamente mejores condiciones laborales, el fracaso de una gestión que a todas luces demostró ser defectuosa”. Además, lanzaban sus críticas a una situación que se ha vuelto constante en los años de democracia: “el cierre de medios de comunicación escritos independientes, que no formen parte del duopolio conformado por Copesa y El Mercurio S.A.P.”, catalogándola como una gran deuda que ni siquiera ha sido encarada por los gobiernos de la Concertación.

Este último punto parece ser una constante en el mercado de la prensa escrita en Chile, puesto que desde el retorno a la democracia, una serie de publicaciones del ámbito de centro-izquierda ha desaparecido. Es así como en 1989 deja de circular la revista Cauce, en 1990 lo hace el diario Fortín Mapocho, mientras que la revista Análisis perdía su carácter denunciador tras ser adquirido por un grupo cercano a la Democracia Cristiana. Apsi entraba en serias complicaciones. Página Abierta, fundada en 1989 desaparecía en 1991 y al año siguiente Pluma y Pincel. Análisis cayó definitivamente el ’94, Apsi el ’95, el diario La Época desapareció en 1997 y en 1998 lo hizo la revista Hoy. Las únicas revistas que permanecieron del ámbito político extraparlamentario fueron El Siglo y Punto Final. (Otano Otano, Rafael. “Seis revistas, dos diarios y ningún funeral”)

Esto a traído como inevitable consecuencia que quedemos bajo el dominio informativo del los conglomerados que conforman un duopolio: El Mercurio y Copesa. El problema está en que ambos constituyen un monopolio ideológico- el cual sin afán de calificarlo de ninguna forma- no contribuye al pluralismo informativo tan necesario en democracia.

Otro elemento que se suma a la explicación de los cierres de estas publicaciones corresponde a la política de la no política comunicacional impuesta a comienzos de los ’90. Esta se basa en un escenario de laissez-faire mediático, en el que se entrega a las leyes de mercado el funcionamiento de la prensa. “Nosotros deseamos el mayor pluralismo de los medios de comunicación, pero éste no lo obtendremos con mayor intervención del Estado, sino con más medios privados que expresen todo el arco ideológico, cultural y regional de Chile (…) Para ser viables, los medios privados están obligados a conseguir sus recursos de la publicidad –que es mayoritariamente privada- y ésta a su vez depende del público al que ellos lleguen (…) Los medios que no comprendan esos condicionantes propios de una sociedad democrática y de una economía de mercado y sigan orientándose según los criterios ideológicos del Chile altamente politizado del pasado, tienen pocas posibilidades de subsistir”, señaló a Revista Hoy en aquel entonces, Eugenio Tironi, miembro del equipo comunicacional de Aylwin.

Pero no sólo causas externas a estas empresas periodísticas explican su desaparición, puesto que más bien se debe hurgar al interior de las mismas para comprender sus desenlaces. Al respecto. Luis Ajenjo postuló que en muchos de estos proyectos fallidos impulsados por opositores al régimen militar y que mantuvieron medios en democracia, existió “más la necesidad de comunicar nosotros, que la necesidad de comunicar a alguien y me parece que ahí hemos partido no de la necesidad de nuestros públicos objetivos, sino que de nuestra necesidad y eso, ni con todo el dinero puede ser un medio exitoso”. Lo que quiere decir que no han primado criterios empresariales que aseguren un modelo de negocios rentable que establezca un producto (diario) atractivo tanto para anunciantes como para los lectores.

Es que mientras el Estado no juegue un rol activo -ni siquiera protagónico- en cuanto a resguardar el pluralismo informativo, esta situación no va a cambiar, y muchos temas que merecen ser debatidos y sacados a la luz, seguiran bajo siete llaves. Un buen intento por remediar esta realidad es la comisión investigadora de la Cámara de Diputados para investigar el avisaje estatal. Los resultados debieron haber sido publicados en febrero, pero hasta la fecha no se han dado a conocer las medidas establecidas por la comisión y el problema sigue igual que antes.

sábado, mayo 12, 2007

Uso Masivo de Celulares: LA INVASIÓN QUE LOGRÓ IMPORNER NUEVAS FORMAS DE INTERACCIÓN

NOTA: este es el reportaje que hice para mi examen de grado. El tema -designado por sorteo de papeles en una bolsa plástica- fue "las nuevas formas de interacción social impuestas por el uso de los celulares". Este trabajo es requisito excluyente para la defensa de tesis, así que espero que cumpla con las expectativas de mis queridísimas profesoras evaluadoras... pero debo reconocer que el tema no fue de mi total agrado y que no quedé conforme con el producto terminado... pero bueno, es lo que hay y ya no queda más que esperar la nota...en fin!


  • Un lenguaje propio para mensajes de texto y chat, así como una dependencia creciente son dos de los principales fenómenos generados por el auge de la telefonía móvil en la vida diaria.
  • Aunque son innumerables las ventajas, prácticamente ningún lugar ni circunstancia se salvan de las interrupciones provocadas por el uso de estos aparatos, al punto en que se debió regular su uso para no dificultar la convivencia.


Por Andrés Ignacio Varas R.

Si va a leer este reportaje, por favor, apague su celular... aunque no es necesario que tome esta recomendación en serio, lo cierto es que estos aparatos tienen un tremendo poder para inmiscuirse e interrumpir cualquier situación, dónde sea y en todo momento. Y no es para menos, ya que cambiaron la vida de las personas al permitirles estar comunicadas las 24 horas del día. Sus beneficios son innumerables, al igual que los usos que les da cada usuario. En eso está la gracia: facilitan la comunicación y acortan la distancia, pero también perturban al resto y dificultan la convivencia.
Es que el uso del celular pasó a formar parte de la rutina diaria, a tal punto que hoy resulta extraño que alguien no disponga de uno. Así lo demuestran las estadísticas de la Subsecretaría de Telecomunicaciones, que indican que a marzo de 2007 existían casi 13 millones de equipos en el país, lo que equivale a un nivel de penetración de 83,01%. Es más, para fin de año se espera que nueve de cada diez chilenos dispongan de un dispositivo móvil, y que en 2010 exista uno por cada habitante.
A juicio del sociólogo Manuel Baeza, la introducción de estos aparatos fue similar a la del televisor hace 50 años, puesto que partieron como un objeto al que muy pocos podían acceder. Sin embargo, con el tiempo se masificaron pasando a ser algo cotidiano, para dejar de ser un ícono de estatus y creando una suerte de “democratización” económica.
Para el subgerente de Productos y Servicios de Entel PCS, Alfredo Albertman C., las cifras que se observan en el país son una de las más altas del mundo, lo que ha favorecido que cada día más personas utilicen el celular. Justamente, uno de los aspectos que más rescata el ejecutivo, es la transversalidad del fenómeno “a todos los grupo etáreos y socioeconómicos, lo que significa que las comunicaciones se han hecho mucho más asequibles a todos los habitantes del país”.
Esto lleva a que Baeza considere este objeto como un símbolo de inclusión social en la medida en que establece un facilitamiento de la comunicación. Sin embargo, los celulares ya dejaron de ser un instrumento usado sólo para hacer y recibir llamadas. Cada día se incorporan nuevos servicios y funciones para hacer la vida más fácil, pero ¿Qué pasa cuando esto no siempre es así?

Celulares: ¡No!

Las constantes interrupciones y distracción generadas por los celulares ha llevado a que varios colegios opten por prohibir el uso de estos aparatos e, incluso, los requisen como medida disciplinaria.

En la sala de clases, en reuniones, en el auto, en el cine... si ni siquiera la iglesia se salva de la invasión de los celulares. Portar uno no tiene nada de malo, el problema está en que hay momentos y momentos, y no todos tienen la costumbre o –en algunos casos- el tino de apagarlo o ponerlo en silencio. Por esto, es común escuchar estridentes y cada vez más extravagantes timbres que interrumpen todo tipo de situaciones.
Sandra Araya C. (15) no apaga nunca su teléfono y aunque tiene la “sutileza” de mantenerlo con vibrador mientras está en clases, si la llaman “se contesta igual, escondidito y despacito o se dice (al profesor) que es urgente, onda ‘es mi papá... tuvo un accidente’, entonces hay que contestarlo afuera”.
Estas constantes molestias producidas al interior de la sala por pinchazos, mensajes de textos entre alumnas e incluso llamadas en medio de la clase que distraen a compañeras y profesor, llevaron a que en el Liceo Técnico Femenino de Concepción tomaran una decisión drástica: la prohibición de usar celulares al interior del establecimiento. “Si el profesor llega a encontrar a una chica usando este tipo de aparatos, se lo va a retirar y va a hacerlo llegar a Orientación y yo los entrego a los apoderados los días viernes de 17:30 a 19:30, no hay otra hora” señaló Paola Campos S., orientadora del colegio. A juicio de la docente, la medida ha sido efectiva, ya que de los cerca de 20 equipos que requisaban semanalmente a comienzos de año, la cifra ha bajado a la mitad.
Incluso, cuando a comienzos de año los profesores del Liceo discutían si retenían por una semana o hasta fin de año los teléfonos móviles, el celular de un profesor comenzó a sonar. Esta situación los llevó a optar por el periodo menor, ya que ni siquiera ellos estaban libres de la mala costumbre que buscaban sancionar en sus alumnas.
Así como en la sala de clases, al momento de conducir, los teléfonos móviles también se transforman en una distracción. Según las cifras de la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (Conaset) y Carabineros, el año pasado se cursaron 13 mil infracciones de tránsito, de las cuales se estima que un 60% corresponde al uso indebido de estos dispositivos, con el consiguiente riesgo de provocar accidentes. Por ello, en la actual Ley del Tránsito se considera una falta grave hablar por celular mientras se conduce sin un sistema de manos libres sancionada con hasta 47 mil pesos.
“El teléfono móvil limita la liberta de acción del conductor y lo distrae por lo menos durante 10 segundos (al hacer o recibir una llamada), haciéndolo impredecible a la hora de maniobrar su vehículo, lo que provoca un aumento en las posibilidades de sufrir o causar un accidente”, afirmó Emilio Oñate V., secretario ejecutivo de Conaset.

El lenguaje del chat

Sta s la mnra n q muxos jovns scribn msjs d txto (esta es la manera e que muchos jóvenes escriben mensajes de texto). Para muchos puede resultar complicado descifrar algo así, pero hoy en día es completamente normal componer un texto de esta forma.
Para Tulio Mendoza B., miembro de la Academia Chilena de la Lengua, la causa de este fenómeno surgió con los celulares y el incremento de los envíos de mensajes de texto (sms) que limitan el número de caracteres. “Los jóvenes al usar la ‘jerga’ o la forma de escritura que ‘inventan’, resuelven el problema del tiempo de la comunicación y el valor monetario de ella”. Lo que no es menor, ya que sólo el año pasado se enviaron casi mil millones de sms, y hasta marzo de éste, la cifra se empinaba sobre los 285 millones.
Sin embargo, a juicio del académico, esta forma de redacción no es nueva: “El telegrama g
rafica exactamente que es un tema económico y voluntad de decir cosas, y de decir la mayor cantidad de cosas restringidas por lo económico”. Lo importante, según Mendoza, es escribir con pocas letras lo que se dice con muchas.
Para Manuel Baeza, esta nueva forma de comunicación tiene un componente generacional: “Corresponde a segmentos más bien jóvenes y una preocupación por lo práctico, que significa economizar tiempo en escritura sin complejos de ortografía u otros”. Para el docente de la Universidad de Concepción, esto constituye una verdadera transformación de la comunicación que sólo requiere de ansia y espontaneidad.
Tanto para el académico de la lengua como para el sociólogo, esta situación no representa una amenaza para el idioma, ya que obedece a un contexto determinado (celular o Internet).
Entonces, el problema está en que más de alguien le habrá llegado uno de estos mensajes y no entendió nada. Las abreviaciones y “emoticones” (caras como ésta : ) que reflejan estados de ánimo) no son códigos compartidos por todo el mundo. A juicio de la sicóloga clínica, Pilar Hernández G., esto se explica por “tener un lenguaje común. Hay palabras que son típicas de ciertas generaciones y en todas las épocas los adolescentes han tenido un lenguaje especial con el que se entienden entre ellos. Es una diferenciación que es parte de su desarrollo”.

Esclavos del celular

Se les denomina always on (siempre encendido) y son los usuarios que por nada en el mundo apagan o dejan en casa su teléfono móvil. Los motivos son diversos, mientras que algunos lo hacen por una necesidad de su trabajo, hay quienes sin razón aparente generan un grado de dependencia que los vuelve verdaderos esclavos.

Claudio González S., es uno de ellos y reconoce que habla por celular hasta cuando está en el baño. Para este joven de 24 años, lo importante es estar todo el día ubicable “por cualquier cosa, hay que estar ahí”. Pero más que por gusto, la verdadera razón es que el trabajo en el campo le demanda coordinar salidas a terreno y compras de productos.
Andrea Olivos C. (23) no apaga “nunca, nunca” su equipo. Para ella el teléfono móvil ha sido el sustento de la relación con su pololo de Villa Alemana, a quien conoció en un campamento. “Él me pidió mi celular y empezamos a hablar todos los días. Él me llamaba y nos empezamos a conocer más que nada por celular”, contó la joven estudiante de arquitectura de la Universidad del Desarrollo de Concepción. Hoy llevan más de tres años y el secreto para mantenerse unidos a la distancia ha sido estar siempre comunicados: “La única forma que tenemos es por celular, porque él no se conecta a Messenger casi nunca y nos vemos en promedio cada dos o tres semanas”, sostuvo Andrea.
Mantener así un pololeo a más de 800 kilómetros de distancia tiene sus costos y no todos tienen la suerte de esta pareja. Ellos buscaron un plan que les acomodara y hallaron uno con una cuenta compartida de mil minutos y dos equipos, y como si fuera poco, a partir de las 23:00 horas y los festivos, pueden hablar gratis entre ellos.
Aunque Andrea y Claudio aseguran que se mueren sin sus celulares, la sicóloga Pilar Hernández, cree que estas situaciones de dependencia se asocian a personas más paranoides y obsesivas y con ciertos rasgos de personalidad como la desconfianza.“Tiene que ver con esta necesidad de control tan grande, de tener todo absolutamente controlado, porque para eso sirve el celular también, y es bien ridículo, porque te dicen, por ejemplo: ‘Yo sé todo lo que hace mi hija...’, pero tú no sabes, eso es lo que te dice ella, es un control más ficticio”, postuló la profesional.
Una buena forma de darse cuenta qué tan dependiente se es de estos aparatos, es dejarlo en casa un día. A juicio de la sicóloga, cualquier manifestación de angustia o –en casos extremos- crisis de pánico por el hecho de no contar con el dispositivo a su alcance, quiere decir que se transformó ya no en un elemento que mejora la comunicación, sino que en una carga. Y a usted, ¿el celular le facilita o le complica la vida?.

Cuando el celular se transforma en pesadilla

Si se trata de malos ratos provocados por el teléfono móvil, Diego Villar S. (24), se siente con autoridad para hablar del tema. Tras el término de una relación amorosa comenzó un angustiante acoso telefónico de su ex pareja. Éste se ha extendido por más de cuatro años e incluyó amenazas de quitarse la vida si él no volvía a retomar la relación.

-¿Cómo empezó el hostigamiento?

- Terminamos peleados y me empezó a llamar, a llamar y a llamar y ella estaba un poco obsesionada. Yo empecé a andar con otra niña y se consiguió el celular de ella y lo tuvo que cambiar (por las molestas llamadas). Lo más ‘brígido’ fue cuando me llamaba y me decía “Me voy a matar” y me cortaba... me decía que volviéramos y cuando cachaba que ya no había opción, me llamaba odiándome, haciéndome la vida imposible

- ¿Qué sentías cuando escuchabas sonar el celular?

- Nooo, era algo desagradable, ya casi soñaba con el ringtone, ya sabía que era ella y que no se conformaba con llamar una, dos o tres veces y que no le contestara, sino que era capaz de llamar 100 veces.

- O sea, el celular pasó a ser de facilitador de la comunicación a una tremenda carga

- Claro, se terminó transformando en un ‘cacho’, porque me costaba poder comunicarme con mi familia, con mis amigos, y solamente lo encendía para llamar y era molesto, porque podía juntar 100-150 llamadas perdidas al día fácilmente.

- ¿Cómo lograste solucionar el problema?

- Tuve que cambiar el teléfono y no dárselo a nadie con quien ella pudiese obtener el número, pero en vez de regalar el otro decidí mantenerlo con carga de vez en cuando. Todavía llama y de esa forma esta persona no duda o no piensa que yo tengo otro celular, entonces a veces sigue llamando y no se consigue el de ahora.

- ¿Sinónimo de qué cosa se volvió el celular para ti?

- En ese momento fue una carga súper grande, porque si andaba con el teléfono para cualquier lado no andaba tranquilo, era como que no anduviera yo solo, sino que andaba el teléfono y la mina ahí en la espalda, fue una experiencia que no se la doy a nadie.